domingo, 21 de septiembre de 2014

Una copa de vino en Concordia


Un rio intenso y profundo naufragando en la boca. Un cielo púrpura y de ciruela. La noche fresca y sensual disputándose el paladar. Un torrente de aromas, un festín de sabores desbordando la lengua. Las copas, las mesas, la plaza y la iglesia. Todo se torna invisible, casi violeta.  La gente grita y disfruta su cena. Mantengo el aliento en un sorbo que dura un segundo, un minuto o toda una vida. Ahora soy un racimo y todo se transforma en cereza. Miro la copa y está vacía. Concordia es una noche estrellada, un mozo que trae la cuenta, un recuerdo a tanino. Una copa de vino.  

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