Un rio intenso y profundo naufragando en la boca. Un cielo púrpura y de
ciruela. La noche fresca y sensual disputándose el paladar. Un torrente de
aromas, un festín de sabores desbordando la lengua. Las copas, las mesas, la
plaza y la iglesia. Todo se torna invisible, casi violeta. La gente grita y disfruta su cena. Mantengo
el aliento en un sorbo que dura un segundo, un minuto o toda una vida. Ahora
soy un racimo y todo se transforma en cereza. Miro la copa y está vacía.
Concordia es una noche estrellada, un mozo que trae la cuenta, un recuerdo a
tanino. Una copa de vino.

No hay comentarios:
Publicar un comentario