Un amigo me
invitó a jugar al fútbol de los sábados que juega siempre con un grupo de
amigos. Acepté y fui, con ganas de pasar un buen rato. Tres equipos, partido a
10 minutos, ganador queda en cancha. Todo venía bien. Me toca entrar y empiezo
a jugar. Tiro un taco y habilito a un delantero, gol. Hago un par de paredes
con otro muchacho con el que nos entendimos bastante bien. Todo sigue normal.
Hasta que en otra jugada quedo mano a mano con el arquero (un sujeto de 40 años
o más) y le amago una, dos, tres veces. En el cuarto intento le defino suave a
una punta. Gol. Entonces la locura: sale corriendo del arco, con el puño
apretado y los cachetes colorados, al
grito de: “¡vos no definís más así, la próxima vas a ver! Dale, ¡animate a
amagar de nuevo! Que vuelva a definir así y lo rompo todo”. Los propios
compañeros de equipo lo tuvieron que frenar, porque me quería trompear. Yo lo
escuchaba tranquilo y como vi que el pobre hombre (al cual evidentemente no le
gusta perder ni a las bolitas) no se calmaba, le tuve que decir: “disculpame,
flaco, la próxima defino de primera, sin gambetas”. No contento con eso,
agregó: “y con el otro que tiran paredes no jugás más, te pasás para el otro
equipo”. Yo no podía creer lo que estaba viendo y escuchando, pero los
compañeros, que lo conocían bien, me decían: “dejalo, siempre hace lo mismo”.
Uno, solidario conmigo, atinó a decir: “pobre pibe, éste no viene más a
jugar...” Después el flaco se calmó, como (casi) siempre sucede en estos casos.
De hecho le hice unos cuantos goles más. Pero definiendo de primera, eh, sin
firuletes. No iba a ser cosa de que le faltara el respeto. Terminó el partido y
me quedé pensando en la violencia con que se vive hoy día. La locura con que
algunas personas se toman las cosas, que ya no disfrutan ni de un partido de
fútbol. Si este muchacho se pone así jugando al fútbol no quiero ni pensar qué
es capaz de hacer si le chocás el auto... Y tampoco puedo pensar en que algún
día se acabará la violencia en el fútbol, si no podemos evitar ser violentos
entre nosotros, en un partido de morondanga, entre conocidos y aún pagando la
cancha, sin negocios millonarios ni intereses de por medio. En fin, habrá que
seguir gambeteando, no queda otra, che.
Lo importante es no dejar de jugar, nunca.

¿Viste "Relatos salvajes"? Todos los días la recuerdo.
ResponderEliminar¡Hola, Iván!
Hola Maia! Si, claro que la vi, muy buena! Gracias por pasar y leer mi blog, nos estamos leyendo! :)
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